La crisis de los cuarentas

La crisis de los cuarentas

Psic. Cristel Ortíz

 “Un día te levantas y te das cuenta que está en la cuarta década de tu vida, te fijas en las estadísticas y sabes que estás más o menos en la mitad de tu vida, que eres joven pero no jovencito, empiezas a verte más maduro, más consciente y más completo de lo que estabas en la década anterior, entonces te sientes feliz, te das cuenta que madurar es lo máximo, que no ser tan joven tiene cosas muy positivas y que estás en tu mejor momento”.

El anterior relato, describe el proceso de llegar a los cuarentas como un escenario ideal y de manera general quien elabora bien el proceso puede llegar a identificarse con el párrafo anterior, sin embargo, en el relato hay una parte faltante, el hecho de que se vive una crisis y que con ella van muchas emociones y cambios que no se elaboran con facilidad.

La crisis de los cuarentas (hoy se extiende hasta los cincuentas) muchas veces se vive con mucha ansiedad, con frustración y con enojo, y es posiblemente una de las crisis más duras de sobrellevar porque estamos en extremo conscientes de nosotros mismos y del entorno. En crisis anteriores de vida como la infancia o la adolescencia los cambios solo se viven, no se analizan, pero a los cuarentas no es posible eso, pues una de las etapas medulares de esta crisis es la “evaluación personal” sobre lo que se ha hecho con la propia vida.

Por otro lado, los cambios no solo se limitan a la consciencia y la vida emocional, también el cuerpo sufre cambios importantes, algunos estudios mencionan que el origen de la crisis de esta etapa de la vida tiene como base un fuerte movimiento hormonal, similar al que ocurre en la adolescencia.

Los cuarenta años deben digerirse emocional y físicamente y eso no es fácil. Teóricos del desarrollo sostienen que mujeres y hombre vivimos esta crisis de manera distinta, pero ambos pasamos por las etapas de duelo (recuerda que estás dejando atrás la juventud para darle paso a la edad madura), el principio negamos la crisis, es aquí donde aparecen comportamientos infantiles o adolescentes, desde cambios de look, berrinches o bien se realizan actividades que parecieran ya no corresponder a la edad .

Eventualmente llega el enojo, odiamos que esta etapa haya llegado, la evaluación de mi vida no se puede posponer, mi cuerpo se ve más maduro y ahora no puedo escaparme de las exigencias del medio, oficialmente somos adultos.

Poco después llega la depresión o tristeza, estamos sensibles o bien irritables, sin duda ya crecimos y eso duele, no hay vuelta atrás, y por último aceptamos, el dolor cesa y nos damos cuenta que la vida sigue, que somos adultos sólidos y que nuestro cuerpo responde muy bien y que estamos en nuestro mejor momento.

Todo este proceso debe transitarse de manera natural, no somos realmente conscientes de las etapas, sin embargo, como toda crisis para unos puede ser más compleja que para otros, es por eso que si te identificas con el artículo y te das cuenta de que este proceso no está siendo llevadero acércate a pedir ayuda, una crisis siempre es mejor acompañado de alguien más.

 

Recuerda, acércate a tus emociones nada es mejor que conocerte y saber a dónde vas en esta vida.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *